Cuerpos postergados, vejeces atrevidas

Cuerpos postergados, vejeces atrevidas

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Renata Cheminet es gerontóloga y psicóloga social de la Ciudad de Bragado, Provincia de Buenos Aires. La conocimos a través de las redes sociales y descubrimos que además es especialista en Educación Sexual Integral. En el mes del amor, la invitamos a compartir sus saberes que también visibiliza a través de su cuenta de Instagram @envejecer_es.

Si tuviera que hacer un ranking de mitos sobre las vejeces, elegiría uno, que creo, se posiciona firmemente en los primeros puestos: el mito de que “las personas mayores son asexuadas”. Otro de los que encabeza el ranking es que “son inactivas”. A ambos mitos les encontramos aún mayor sentido, si no podemos pensar a una persona mayor corriendo un mueble o yendo a trabajar… ¿cómo vamos a imaginar a esta misma persona  elongando su cuerpo para sentir placer? Por supuesto que cuando hablo de placer, no hago referencia a la genitalidad en sí, sino a percibirse con un cuerpo deseante susceptible de ofrecer, recibir y autocomplacerse. De una sexualidad que no deje por fuera ni al erotismo ni al romanticismo.

Pero claro, a estos mitos, subyacen otras cuestiones que también hay que desmitificar, ¿cómo vamos a imaginar a cuerpos viejos capaces de provocar placer, si el estereotipo de vejez del imaginario social es el de un cuerpo arrugado, flácido y enfermo? Me atrevo agregar otro calificativo a estos cuerpos, “cuerpos postergados”, cuerpos que no tuvieron posibilidades de conocerse, explorarse y vivir la sexualidad plenamente, pobrecitos…entonces (va con ironía) ¿quien quiere tener relaciones sexuales con una persona mayor si te dan ganas de abrazarlos? Y allí es cuando caemos nuevamente en otra falla: la ternura, la infantilización de un sujeto adulto que no necesita una palmadita en la espalda con mirada de lástima, sino ser tratado como lo que son, personas. 

La Educación Sexual Integral (ESI), es comprendida de ese modo ya que abarca aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos, éticos y culturales. Es fundamental que toda la sociedad, interpele el derecho al goce sin caducidad. Mi abuela con 86 años, me dice: “Querida, que íbamos a decidir si no sabíamos nada”.

Este comentario me convoca a seguir insistiendo, en que la información es imprescindible para decidir, para prevenir, para ser libres de condicionamientos sociales, y para que nuestros cuerpos gocen sin señalamientos. “Sos vieja para esas pavadas” ¿a quién se le ocurre que sea una pavada y considerar banalmente, cuestionarnos estos temas y pretender que cualquier sujeto sin importar la edad, tenga autonomía y dignidad?

Nunca voy a olvidarme de un taller de “Relaciones Íntimas” que me pidieron que coordine un grupo de personas mayores. Recuerdo que arranqué el taller preguntándoles que temas tabúes estamos acostumbrados a naturalizar. Emergieron “la muerte” y “el sexo”. Este último avanzó por lo bajo y con tono pícaro y vergonzoso. Tras mencionarlo se generaron murmullos. ¡Y cómo iba a pretender que llamaran a las cosas por su nombre, si aprendieron más de censuras que de derechos!

Las generaciones más jóvenes, debiéramos visualizarnos en ese escenario, que construimos con nuestros discursos cotidianos, con los chistes edadistas, con los mitos y prejuicios que perduran y afianzan estos estereotipos de vejeces. Envejecemos desde que nacemos. Nacemos y vivimos de diversas maneras, por eso es correcto hablar de vejeces y no de vejez. Envejecemos según cómo vayamos viviendo, urge considerar el emergente actual de la diversidad. La diversidad no solo en cuestiones de género, sino también de realidades sociales existentes e invisibilizadas. Si fuéramos más conscientes de esto y no viéramos a la vejez como algo lejano que llega de repente el día que cumplimos 60 contribuiremos a poder vivir plenamente nuestra sexualidad en cada momento. Tal como lo establece la Convención de Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, son necesarias las políticas públicas que promuevan y garanticen derechos; políticas que contribuyan a la erradicación de violencias y maltratos hacia este colectivo así como  espacios comunitarios que contribuyan a la sensibilización, visibilización y concientización. Para que nadie se atreva a vivir sin sentirse “atrevidos”.

Renata Cheminet
Psicóloga Social, especializada en Gerontología.

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