“Mi tiempo de pandemia, un tiempo de escucha”

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Hace apenas unos días se conmemoró el Día Mundial del Buen Trato a las Personas Mayores. Por este motivo, la voz mayor de hoy es muy especial ya que nuestra propuesta busca elevar a las tarimas de la virtualidad a las miles de personas mayores que en silencio ponen en marcha acciones, ideas, redes, oportunidades, trabajos con el propósito de aportar lo que a la mayoría de las personas nos gusta ofrecer: energía vital. Una energía impulsada por el deseo de sentirnos protagonistas, necesarios, imprescindibles. 

Entre esas miles de personas mayores se encuentra Stellita Olenik. Stellita tiene 70 años y vive en Villa Carlos Paz, Córdoba. Ella se define como una apasionada de la observación. Hoy compartimos la vivencia de  una mujer valiente, que busca acompañar a otras personas, consciente de que la distancia social no es sinónimo de aislamiento.

Mi tiempo de pandemia, un tiempo de escucha 

Vivo sola, mis hijos están muy lejos. No tuve una vida fácil pero sí vivencias inolvidables. Viví muchos años en Estados Unidos y Honduras haciendo trabajos de voluntariado. Desde hace diez años que sigo la filosofía budista. Y puedo decir que soy una persona feliz. A continuación quiero compartirles un breve relato de cómo vivo la pandemia. 

La mente es muy misteriosa. Cuando empezó la pandemia, el encierro, en vez de comenzar a extrañar todo lo externo y comenzar el camino de la frustración y de las lágrimas, decidí investigar mi mente (la tenía cerca) y observé que cuando ella estaba enojada o algo le molestaba mi cuerpo comenzaba a sentir los efectos: dolores, presión alta, desgano, etc. Entonces comencé a alimentar mi mente con meditación. Y mi cuerpo comenzó a flotar, y ya no tenía síntomas. Ese placer evoluciona cada día. Hoy puedo decir que este encierro fue y sigue siendo una hermosa oportunidad para conocerme, soy una señora mayor y estoy muy feliz de haber conocido mi paz. 

Además soy voluntaria telefónica para adultos mayores en YWCA, una organización de mujeres, que entre otras cosas, ofrece acompañamiento telefónico a personas mayores. Esto es un ida y vuelta, muchas veces recibo más de lo que doy. Una tarea maravillosa que llegó en el momento justo de mi vida. Es imprescindible porque no tenemos posibilidades de salir. Sobre todos nosotras, las personas mayores. Muchas de las personas que hablo están con mucho miedo. Pero nos adaptamos; los mayores empezamos a ser muy virtuales. Y ese llamado que les hago es una compañía para ambos. Se abren más con alguien desconocido que tal vez con alguien de su familia. En tiempos normales quizá este voluntariado no habría tenido tanto éxito. Estamos todos muy solos. Yo solo doy una oreja para la escucha y la devolución es hermosa. Me llena de cariño y es muy importante. Me dan su entera confianza. 


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