Compartí esta publicación en tus redes sociales
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Claudia vivió en Capital Federal, hasta que sus padres decidieron mudarse a Córdoba. En sus líneas conocemos un poco más de su vida en esa época y el devenir pandémico. ¡Cuántas historias se cruzan y crecen!

Por aquellos años, hace muchos ya, vivía en Capital Federal. Cuando mis padres tomaron la iniciativa de venir a Córdoba, después de algunos recorridos por las sierras (para elegir el óptimo lugar); de insomnios y acuerdos entre ellos, decidieron soltar amarras en un pueblito a 55 km. que se llama Tanti. Allí transcurrió parte de mi preadolescencia, con mucho sufrimiento en sus comienzos, porque lo dejaba todo: mis abuelos, tíos, primos, amigos. Mi feliz infancia se quedaba allá, en Baires y aquí comenzaba a transitar por las desavenencias de una adolescencia y juventud complicadas, en medio de una situación social y económica difícil. Era enero de 1975. Tenía 15 años.

Pude construir una nueva felicidad, con mucho esfuerzo, con gente nueva que me cobijó y brindó su importante y pueblerino cariño. Cuando ya incorporé con dolor la resignación de que ya no volveríamos a Baires, logré integrarme.

Terminé el secundario en Tanti y decidí continuar con los estudios para obtener un porvenir mejor y me radiqué en “La Docta”. Ingresé en la UNC y gratuitamente ésta me brindó las herramientas académicas necesarias para capacitarme. Paralelamente y desde muy joven, a los 18 años, ya conociendo de templanzas, tenacidades y angustias, conseguí trabajo en la administración pública, después de rendir examen de ingreso. Tenía que ser autosuficiente, no podía depender económicamente de mis padres, éstos no estaban en condiciones de hacerlo por esos tiempos, ya que el contrato matrimonial que habían construido, estaba disuelto; y la Argentina estaba bajo una de las peores tragedias que hayamos vivido: El Golpe de Estado.

No perdí el tiempo. Recibí mi título Universitario oportunamente de Licenciatura en Kinesiología y Fisioterapia y después de unos años, pasé a solicitar “canje de cargo” con una persona del Hospital San Roque. Luego de 38 años de servicios, finalmente llegó mi “jubileo”, hace algunos años ya.

La pandemia me encontró fuera del trabajo asistencial. Una mañana, por el mes de marzo de este año, le llegó a mi corazón una gran motivación: la oportunidad de agradecer a mi querida UNC, todo lo que me había brindado en mis años de estudio y capacitación y escuchando al prestigioso profesor doctor Hugo Pizzi convocando colaboradores para la vacunación de Covid19. Levanté la mano interiormente y me anoté. Mi perfil no encajaba en algunas preguntas del cuestionario para el ingreso, pero continúe igual, le di “enter”. Grande fue la sorpresa, cuando finalmente me convocaron a trabajar, en el mismo lugar donde hacía 40 años había cursado la carrera y había obtenido el título: el Pabellón Argentina de la Universidad Nacional de Córdoba. Allí comenzó  una de las experiencias más gratificantes de mi vida; pudiendo realizar mi humilde aporte, hasta finales del mes de julio de 2021.

Haber participado de esta loable situación, en la que miles de vacunadores, en innumerables distritos y centros del país, lo realizan cotidianamente, me inspira a compartirlo y me brinda la tranquilidad de estar segura que, uno tiene que prepararse y estar atentos, para los “ida y vuelta” que la vida nos pone delante, para AGRADECER con pequeñas acciones y ser instrumentos e inspiración motivadora, para QUIEN QUIERA OIR QUE OIGA, QUIEN QUIERA VER, QUE VEA, QUIEN QUIERA COPIAR, QUE COPIE.

Claudia Alejandra Diana, 61 años, Córdoba

Compartí esta publicación en tus redes sociales
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
También compartieron sus historias
Puede Interesarte